De antemano tener en mente que no es una tarea fácil y por lo tanto se requiere de paciencia y mucho entusiasmo. Es cierto que cuando estás empezando a emprender se anda con las pilas al 100. Sin embargo, esta emoción puede cambiar con el paso de las semanas por distintos motivos.

Es importante considerar que empezará a demandarte mucho tiempo. Por eso asegúrate de desarrollar una estrategia de negocios y se vincule con tus pasiones. De esta manera es más posible que consigas a inversionistas adecuados. Después de eso encárgate de comprar un seguro y registrar el nombre de tu negocio. La patente puede esperar un poco más. Quizá está empezando a sonar muy costoso, pero aprovechar recursos gratuitos es una gran alternativa. Son de mucho provecho.

Ten en mente la locación y sus alrededores, este te puede guiar si hay posibilidad de crecimiento. Aunque no te mortifiques antes de tiempo. Puedes quedarte en casa si consideras no es necesario un local u oficina, en ocasiones resulta más cómodo así. Ser flexible es otro punto clave para alcanzar tu objetivo.

Transmite confianza trabajando y sé paciente. Organízate, ya sea con una agenda, post-it, o de otro modo. No dejes de considerar que el tiempo del cliente y el tuyo son valiosos. La puntualidad al entregar pedidos, publicaciones, etcétera se han convertido en parte de una proyección del producto o servicio.

Pareciera de lo más básico. Por lo mismo se deja para después y en ocasiones ignorar estos puntos puede salir caro o en casos extremos irse a la quiebra. No desearía que eso pasara. Recuerda que tus acciones y pensamientos por más pequeños que parezcan tienen influencia en tu negocio. No lo olvides.

Y si aún no estás empezando a emprender, ¡anímate! Es una manera de seguir poniéndote a prueba y nunca viene mal un cambio.

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